Meaney, mi dulce niña;
Te invoco desde lo más profundo de mi alma
Te espero cada día, mi sol, mi luz, mi agonía.
Meaney, dónde estarás
¿me dejas darte un beso en la mejilla?
Te miro distante, entre circuitos, entre cables, y foquitos
en la intrincada red de historias y mercados y canciones;
desde ahí navego hasta tu red, hasta tus ojos.
Me gustaría poder sentirte, reírme, y tocar tus pies bonitos.
Acércate, estrellita; extiende hacia mi tus brazos;
no pienses que alucino, no pienses que el destino
se acerca silencioso para sacar partido;
sólo es un abrazo, una sonrisa, un lazo
Unas palabras con su propio ritmo.
Se acerca a su extinción, a su último latido.
Un poema, una canción por vez,
cuando el último espacio se haya consumido...
amiga, tiéndeme un arnés.
Si he de conocer tu voz, podré saber tu tono,
descubrir a la sirena, tararear su canto.
Si he de acariciar tu pelo, podré percibir su aroma,
y tu piel, y tus alas y tu luz serán tan reales,
como jamás imaginé cualquier encanto.
2 comentarios:
¡Qué hermosas letras!
Quisiera ser Meaney...
No friegues... Me quedé helado. Ni siquiera se que decir. Sublime.
Nota: yo no soy la Meaney del poema, soy otro Meaney.
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