domingo, abril 29, 2012

Parados frente a la pared


Escribo estas líneas a unos minutos de comenzar el segundo concierto de Roger Waters en el Foro Sol de la Ciudad de México, un día después de haber visto por primera vez The Wall en vivo.

¿Cuántas fibras removió en mí la presentación de The Wall? Muchas sin duda. Me tocó el México sin conciertos, en el que ni siquiera cabía la fantasía: "¿te imaginas que Pink Floyd viniera a México"? y en ese entonces vivías con la sencilla resignación de escuchar con la máxima calidad posible los discos de acetato de tus bandas, a poseerlos, aprehenderlos, a disfrutar de ese ritual de escuchar discos completos, con su respectivo intermedio, cuando tenías que voltear la otra cara del disco.

Ayer se cumplió una cita a la que sería imperdonable faltar, simplemente porque Pink Floyd y The Wall  forman ya parte de mi ADN, sin embargo, no estaría excenta de contrastes.

Al entrar al Foro Sol, lo primero que destaca a lo lejos es la enorme pared... se ven números y guías de prueba de los proyectores sobre el blanco muro, y cuando ya llegas a tu lugar en las gradas, te das cuenta de la impresionante dimensión del mismo. Yo calculé, con el método de equiparar bloques o ladrillos con estaturas de personas de 2 metros, un escenario de 100 metros de ancho, por 20 metros de altura, aproximadamente. No sé si mi número sea cercano a la realidad, pero para mi fue impactante.



En el escrutinio pre inicio del concierto, la mirada se posa sobre una pinta en el extremo derecho de la pared: "2 de octubre no se olvida" y concuerdo casi instintivamente con que la referencia queda ad hoc al mensaje de Waters: la milicia, el Estado que se torna contra sus habitantes. No pude dejar de pensar ¿Con quién consultan este tipo de cosas en cada país? Simplemente es el trabajo del encargado de producción, supongo. Llegará a preguntar o indagará por Internet las heridas de cada nación, para poner dedo en la llaga, para despertar la empatía local. Siento un pequeño malestar por eso. También se lee en la pinta el icono de "No más sangre" y la palabra Juárez. El concierto lo dedicará a todos los desaparecidos por la guerra del narco, y a las niñas y mujeres muertas en Juárez... nadamás de escuchar las palabras "narco"y "Juárez" se me hace un nudo en el estómago... me duele efectivamente, me da pena. Sé que se reunió con algunos representantes del Movimiento por la Paz que encabeza Javier Sicilia. Hubiera sido genial que algo del dinero de los conciertos lo diera a una asociación que ayude directamente a esas niñas y mujeres, ojalá se le haya ocurrido.

Los primeros acordes de In to the Flesh, electrizante comienzo, a partir de ahí, en perfecto orden van haciendo aparición los símbolos, las imágenes, las canciones, las guitarras. Sublime.

Como diseñador, no puedo menos que mencionar la grandiosa labor en este aspecto por parte del equipo de producción, plasmado principalmente en los videos y gráficos estáticos que se proyectaban sobre la espectacular pared, que ya se dividía en tres pantallas, o se fundía en una alucinante, majestuosa, sobrecogedora única pantalla. El vasto despliegue de calidad en la parte técnica de las imágenes, proyectores de altísima resolución, con la luminosidad perfecta en todo momento. Presenciamos el primer mundo, eso sigue siendo espectáculo para nosotros, trátese de quien se trate.

Quizás me hubiera gustado en momentos tener un poco más de interacción visual con los músicos, un poco más de circuito cerrado a ellos, creo que también este elemento visual en las pantallas hubiera dado un toque de cercanía a muchos, sin corromper el concepto original de Waters de dejar a la banda atrás de la pared, e incluso engrandecería algunos momentos de animaciones y gráficos.

La ingeniería de sonido buena, bastante decente para ser un lugar al aire libre, con pocas reverberaciones o vibración de las bocinas cercanas, al menos desde mi punto de escucha, logrando efectos acústicos tan dinámicos, que de plano me reí cuando todos (muchos disimuladamente) mirabamos arriba para buscar un helicóptero virtual que sonaba justo sobre nuestras cabezas.

Los props fueron los esperados: las marionetas gigantes que hace tantos años fueron sorpresa en las presentaciones de Waters, y que ahora se han vuelto una constante, que incluso empequeñecen al lado de las proporciones de la enorme pared.

Y este punto de lo "esperado" quizás sea uno de los ángulos controversiales del espectáculo. Ir a ver The Wall es un acto de convicción, digamos que casi de amor con las letras y la melodía que como dije, ya tienen su propia codificación en los sillares de nuestra espiral molecular. Si nos hacemos la pregunta ¿porqué ir a ver una misma banda tocar una y otra vez el mismo concierto? incluso me pregunté ¿este es un formato de concierto? ¿es una banda?

Sólo en el espectáculo de Waters podemos esperar un intermedio, que a muchos deja intrigados, sin embargo es una de las pistas para tener más claro que estamos ante una presentación teatral, un performance sui generis que mezcla actuación y caracterización de Waters en su personaje, una pequeña función de cine, con la proyección de un buen tramo de la película, y llamémosle "musicalización en vivo".

Todos los que de alguna manera hemos seguido la historia de Pink Floyd y de Roger Waters, teníamos una idea de lo que ibamos a encontrar en esta representación de The Wall, no hay ni podrá haber las grandes sorpresas, porque conocemos el carácter de Waters, su propio enamoramiento con la obra que en determinado momento, rescató, salvó de la quiebra a Pink Floyd, y que costó tantas diferencias y enfrentamientos dentro de la misma banda, que culminarían con la salida de Richard Wright.

El muro también nos habla de la separación entre los compañeros que lograron juntos The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here y Animals, de la separación de crear música y letras portentosas, hacia la generación de una ópera moderna.

One Shot, una obra maestra, que quedará en el inconsciente de todos... con giras evangelizadoras para las nuevas generaciones. En el concierto vi mucha gente joven, que siguen aprendiendo a querer a The Wall, eso me dió gusto. El mensaje de The Wall es digno, y hace mucho sentido, sobre todo cuando eres estudiante; yo mismo vi por primera vez la película en la escuela, porque una maestra nos la proyectó casi a escondidas de la directora de la prepa, para enseñarnos que somos sólo otro ladrillo en la pared para el sistema. Sin embargo, con sólo mirar a tu alrededor en el Foro Sol, te queda claro que The Wall es una franquicia millonaria, auspiciado y apapachado por el Stablishment, por las mismas marcas capitalistas a las que enjuicia; en la pared llegamos a ver la palabra "capitalismo" escrita con la tipografía de Coca Cola, curiosamente uno de los sponsors de la gira es este mismo refresco.

Hablo de contrastes, únicamente. No le quito el genio creativo, y el arduo trabajo que sólo una personalidad narcisista como la de Roger Waters hicieran que The Wall se llevara a cabo como una puesta en escena maravillosa, y que con la tecnologia desplegada, acentúa magistralmente los momentos precisos dentro de la obra.

Exactamente vamos a ver The Wall, con el ánimo y la preparación parecidos a cuando vamos a ver La Traviata, o Turandot. Esto me lleva a pensar que también vamos en gran medida por amor a la música, y no es que descubra el hilo negro con esta afirmación. Hoy, asistir a un concierto ha perdido mucho ese sentido de ir a escuchar y disfrutar la parte musical de las bandas, y se han convertido en un sinónimo de status. Veo a mucha gente que va a conciertos de grupos que ni siquiera admiran realmente, para poder decir que también formaron parte de esa élite.

OCESA y sus similares han detectado esa extraordinaria oportunidad de negocio, y la han capitalizado al máximo, al grado que llegan a cobrar hasta más de 10 mil pesos por boleto por escuchar (y ver) a personalidades como Paul McCartney, cuando, buscando el mismo concierto en otras partes del mundo, te das cuenta que en México los boletos son mucho más caros que en Europa, por ejemplo.

Hoy los conciertos se anuncian en noviembre, como el de Madonna, y se cobran en abril. Eso en mi pueblo se llama "jinetearse" la lana 7 meses, y sí creo que las autoridades deberían de poner un límite.

Roger Waters y su banda, tocando al final atrás de la pared, los estruendos y la demolición del muro... el momento esperado, y quedamos más que satisfechos de un espectáculo visual y auditivo exorbitante, y pienso que "The show must go on",  sólo me lamento que Pink Floyd no exista más... que Waters haya decidido no crear más, aunque fuera algo inferior a The Wall,  ¿qué más da? ¿Crear no siempre es estimulante? ¿No se aburre él mismo de The Wall? para mi, es extraordinario y celebro que un concierto que jamás pude ver antes, dure más de 30 años y llegue, como un viaje en el tiempo, hasta las puertas de mi época, de mi momento, para poder verlo y disfrutarlo como si lo estuviera escuchando del mismísimo Pink Floyd, y permanecer como nos tiene a todos durante casi dos horas: parados frente a la pared.

Contrastes: el concierto que le regaló vida en su momento al grupo, hoy nos habla de la muerte del mismo, de los futuros proyectos de Waters. ¿me equivocaré? ojalá.



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